ENTREVISTA CON DAISY SÁNCHEZ
¿Cómo compara tu experiencia actual con los tiempos en que comenzabas? ¿Qué echas más de menos?
Echo de menos el proyecto, el sentido de que ibamos hacia algún lugar. El noticiario era un todo, cada nota tenía otras que la apoyaban lo que daban profundidad y contexto y se trabajaba en equipo. Ahora somos satélites, nadie sabe lo que está haciendo el otro, pero no es fortuito. Esa es la mentalidad de los organizan el trabajo; el concepto de una redacción como la conocí hace 23 años no existe. Los jefes no ven con buenos ojos que se recomienden historias porque lo consideran un reto a su poder y control. Tampoco existe el espacio para cuestionar y disentir si la asignación, según la experiencia del reportero pudiera enfocarse desde otro ángulo. Es probable que lo que más resiento --y me parece en extremo peligroso--, es que muchas decisiones sobre la cobertura de un evento se toman basadas en razonamientos políticos, económicos o puros intereses personales.
¿Cómo se explica que la temática sea tan local? Apenas un minuto para noticias internacionales y nunca en un primer plano.
En nuestro caso, la cadena nos ve precisamente como un noticiario local o una filial, como ellos la describen. El concepto de país no existe para ellos, somos una comunidad más dentro de los Estados Unidos, como lo son los chicanos o los puertorriqueños del Bronx. Así que las informaciones internacionales se cubren propiamente desde Estados Unidos. Esto tiene como consecuencia que los periodistas de la filial en Puerto Rico ya no cubren eventos fuera del país que puedan ser de interés para nuestro público, como ocurría en el pasado. Las elecciones en la República Dominicana, un tornado en Kisimi que afecta a la comunidad puertorriqueña, el caso, por ejemplo, de los pivazos que culminó en un tribunal de Boston o el desfile puertorriqueño en NY, o la intervención de los puertorriqueños ante las Naciones Unidas, nada de estos asuntos son cubiertos por reporteros de Univisión Puerto Rico, sino por reporteros de la cadena. Uno pensaría entonces que si los eventos de interés internacional se dan en la isla, entonces lo cubriera un periodista de la filial, pero tampoco ocurre eso. En ese caso importan un periodista de la cadena, limitando así nuestro desarrollo y campo de acción.
En la televisión internacional hay buenos ejemplos de periodismo televisivo. Puerto Rico tiene buenos periodistas, pero sus noticieros y otros de su tipo carecen de los valores de producción que se observan en otras partes. ¿A qué se debe y qué se puede hacer?
Se debe precisamente a que no se invierte dinero en la producción. No existen los salarios que paguen personas con experiencia para montar un noticiario, esas personas existen pero no trabajarían por las monedas que se les paga a los productores en este país. Como resultado tenemos excelentes compañeros que se van forjando al fuego del día a día, toman decisiones y dan órdenes a un personal que les aventaja por mucho en experiencia.
¿Existe un proceso de discusión y elaboración de los temas, alguna instancia regular de deliberación y reflexión, o las asignaciones vienen impuestas por una cadena de mando, una dinámica preestablecida?
Por lo menos en la estación para la que trabajo no se incluye al reportero en las reuniones donde se discuten los temas del día. No puedo afirmar que exista una deliberación y reflexión… espero que así sea.
Tienes múltiples experiencias como periodista y ahora como historiadora. ¿Hasta qué punto se reconcilian estas disciplinas?
Si echamos a un lado la vorágine del día, el espacio apretado para la nota y la irremediable superficialidad a la que obliga el medio, me parece que podrían andar de la mano por la misma calle. El historiador urga, desmonta hasta encontrar el dato que cambiará o dará un nuevo ángulo a un evento. El periodista hará lo mismo para denunciar, afirmar o aclarar un hecho que podría cambiar la historia.
¿Le hace falta al periodismo algunas de las virtudes que se perfilan idealmente en el o la historiadora?
Nos urge el rigor con el que trabajan los historiadores sus investigaciones, la reflexión y el apego a los documentos.
¿Compartes la opinión de que la prensa puertorriqueña pasa por un momento crítico en relación a su calidad? ¿Cuáles serían las áreas a renovarse o reformarse?
Para mí la falta de calidad es sólo el síntoma de la crisis. El trance está en las condiciones en que nos vemos obligados a realizar nuestro trabajo. La inestabilidad laboral, las presiones externas dentro de las salas de redacción, la falta de incentivos, los pobres salarios, la competencia descarnada, la escacez de tiempo para trabajar las historias, el exceso de tareas que trae consigo los llamados multimedia para los reporteros, las dobles agendas en la cubierta de las asignaciones que restan credibilidad y seriedad a la profesión, son algunos de los problemas que enfrentan los periodistas y que afectan la calidad de su trabajo.
¿Hasta qué punto las nuevas tecnologías han modificado tus rutinas y qué sentido (positivo o negativo) han tenido estos cambios?
El uso de la internet es un paso adelante como recurso en las investigaciones periodísticas. Pero ese mismo medio trajo consigo la multiplicidad de tareas para los periodistas que ahora deben andar con una grabadora, una cámara y una computadora. Son tres en uno. Eso ahorra y rinde dinero al dueño del medio, pero recarga al reportero que ahora debe generar tres notas de cada asignación.
En este contexto, ¿cómo miras el futuro?
Estoy segura que tocaremos fondo, cuando eso ocurra no habrá otra salida que subir. Así que soy optimista.