"Basta de hechos, queremos promesas"

En algún muro de América Latina una mano ingeniosa escribió la consigna: "Basta de hechos, queremos promesas". Suena raro en un mundo que exige practicidad, concreción, pie a tierra, reclamar algo tan etéreo como las promesas. Y sin embargo, es una clave del futuro... E Valenti
PERIODISMO Y TELEVISIÓN: DAISY SÁNCHEZ Y MICHAEL SCHUDSON, PRENSA Y SALUD: LOURDES LUGO, EL MUNDO DE HOY: IGNACIO RAMONET, ESTEBAN VALENTI, PRENSA Y POLÍTICA: ISRAEL RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, PERIODISMO INVESTIGATIVO: NIEMAN REPORTS.

20/05/08

Periodismo en la televisión: “Tocaremos fondo… y no habrá otra salida que subir"

ENTREVISTA CON DAISY SÁNCHEZ

¿Cómo compara tu experiencia actual con los tiempos en que comenzabas? ¿Qué echas más de menos?

Echo de menos el proyecto, el sentido de que ibamos hacia algún lugar. El noticiario era un todo, cada nota tenía otras que la apoyaban lo que daban profundidad y contexto y se trabajaba en equipo. Ahora somos satélites, nadie sabe lo que está haciendo el otro, pero no es fortuito. Esa es la mentalidad de los organizan el trabajo; el concepto de una redacción como la conocí hace 23 años no existe. Los jefes no ven con buenos ojos que se recomienden historias porque lo consideran un reto a su poder y control. Tampoco existe el espacio para cuestionar y disentir si la asignación, según la experiencia del reportero pudiera enfocarse desde otro ángulo. Es probable que lo que más resiento --y me parece en extremo peligroso--, es que muchas decisiones sobre la cobertura de un evento se toman basadas en razonamientos políticos, económicos o puros intereses personales.

¿Cómo se explica que la temática sea tan local? Apenas un minuto para noticias internacionales y nunca en un primer plano.
En nuestro caso, la cadena nos ve precisamente como un noticiario local o una filial, como ellos la describen. El concepto de país no existe para ellos, somos una comunidad más dentro de los Estados Unidos, como lo son los chicanos o los puertorriqueños del Bronx. Así que las informaciones internacionales se cubren propiamente desde Estados Unidos. Esto tiene como consecuencia que los periodistas de la filial en Puerto Rico ya no cubren eventos fuera del país que puedan ser de interés para nuestro público, como ocurría en el pasado. Las elecciones en la República Dominicana, un tornado en Kisimi que afecta a la comunidad puertorriqueña, el caso, por ejemplo, de los pivazos que culminó en un tribunal de Boston o el desfile puertorriqueño en NY, o la intervención de los puertorriqueños ante las Naciones Unidas, nada de estos asuntos son cubiertos por reporteros de Univisión Puerto Rico, sino por reporteros de la cadena. Uno pensaría entonces que si los eventos de interés internacional se dan en la isla, entonces lo cubriera un periodista de la filial, pero tampoco ocurre eso. En ese caso importan un periodista de la cadena, limitando así nuestro desarrollo y campo de acción.

En la televisión internacional hay buenos ejemplos de periodismo televisivo. Puerto Rico tiene buenos periodistas, pero sus noticieros y otros de su tipo carecen de los valores de producción que se observan en otras partes. ¿A qué se debe y qué se puede hacer?
Se debe precisamente a que no se invierte dinero en la producción. No existen los salarios que paguen personas con experiencia para montar un noticiario, esas personas existen pero no trabajarían por las monedas que se les paga a los productores en este país. Como resultado tenemos excelentes compañeros que se van forjando al fuego del día a día, toman decisiones y dan órdenes a un personal que les aventaja por mucho en experiencia.

¿Existe un proceso de discusión y elaboración de los temas, alguna instancia regular de deliberación y reflexión, o las asignaciones vienen impuestas por una cadena de mando, una dinámica preestablecida?
Por lo menos en la estación para la que trabajo no se incluye al reportero en las reuniones donde se discuten los temas del día. No puedo afirmar que exista una deliberación y reflexión… espero que así sea.

Tienes múltiples experiencias como periodista y ahora como historiadora. ¿Hasta qué punto se reconcilian estas disciplinas?
Si echamos a un lado la vorágine del día, el espacio apretado para la nota y la irremediable superficialidad a la que obliga el medio, me parece que podrían andar de la mano por la misma calle. El historiador urga, desmonta hasta encontrar el dato que cambiará o dará un nuevo ángulo a un evento. El periodista hará lo mismo para denunciar, afirmar o aclarar un hecho que podría cambiar la historia.

¿Le hace falta al periodismo algunas de las virtudes que se perfilan idealmente en el o la historiadora?
Nos urge el rigor con el que trabajan los historiadores sus investigaciones, la reflexión y el apego a los documentos.

¿Compartes la opinión de que la prensa puertorriqueña pasa por un momento crítico en relación a su calidad? ¿Cuáles serían las áreas a renovarse o reformarse?
Para mí la falta de calidad es sólo el síntoma de la crisis. El trance está en las condiciones en que nos vemos obligados a realizar nuestro trabajo. La inestabilidad laboral, las presiones externas dentro de las salas de redacción, la falta de incentivos, los pobres salarios, la competencia descarnada, la escacez de tiempo para trabajar las historias, el exceso de tareas que trae consigo los llamados multimedia para los reporteros, las dobles agendas en la cubierta de las asignaciones que restan credibilidad y seriedad a la profesión, son algunos de los problemas que enfrentan los periodistas y que afectan la calidad de su trabajo.

¿Hasta qué punto las nuevas tecnologías han modificado tus rutinas y qué sentido (positivo o negativo) han tenido estos cambios?
El uso de la internet es un paso adelante como recurso en las investigaciones periodísticas. Pero ese mismo medio trajo consigo la multiplicidad de tareas para los periodistas que ahora deben andar con una grabadora, una cámara y una computadora. Son tres en uno. Eso ahorra y rinde dinero al dueño del medio, pero recarga al reportero que ahora debe generar tres notas de cada asignación.

En este contexto, ¿cómo miras el futuro?
Estoy segura que tocaremos fondo, cuando eso ocurra no habrá otra salida que subir. Así que soy optimista.

Getting Bit: When sound bites get snack-sized

By Michael Schudson & Danielle Haas
Anyone who buys the beltway complaint that television news reporting shrivels both politics and public discourse has two new reasons to worry: sound bites are getting shorter and video reels are getting longer. That means less talk of policy solutions and more rolling shots of diplomatic handshakes, tarmac striding, and presidential cowboys whacking underbrush on Texas ranches. In the Journal of Communication’s winter issue, Indiana Universityprofessors Erik Bucy and Maria Grabe update a landmark 1992 study, which found that clips of presidential candidates speaking between 1968 and 1992 had dramatically shrunk from an average of one minute to under ten seconds each. Since 1992, say Bucy and Grabe, sound bites have been further compressed into eight-second nibbles. Meanwhile, B-roll of candidates has expanded, and image bites (no words from the candidates) now take up more airtime than sound bites in campaign coverage.

But do the details of the findings offer any hope? Are sound bites, though shorter, more numerous? Nope. Denser with policy content? Afraid not. Shrinking in proportion to the length of news stories? On the contrary. Since 1992, the number of sound bites has hovered at a bit over two per story. Only a third of sound bites address substantive issues or breaking news; and in the average two-minute campaign story, candidates speak for less than twenty seconds.

There is some good news, however—in pictures, not words; “image bites” rather than sound bites. Sampling ABC, NBC, and CBS campaign coverage from 1992 to 2004, Bucy and Grabe find that close-ups and action shots of candidates, such as Bill Clinton playing the sax or John Kerry windsurfing, “convey important cues about status, viability, and physical and mental fitness for office.” “Because pictures are perceived as firsthand knowledge,” they say, “…visuals are undoubtedly delivering more information to viewers than previously acknowledged.” In other words, B-roll isn’t all bad: candidates can speak volumes without ever saying a word.

texto completo
http://www.cjr.org/the_research_report/getting_bit.php?page=all

Periodismo en Salud: un llamado urgente a elevar su calidad

por Lourdes Lugo Ortiz
Algunas investigaciones académicas demuestran que los medios de comunicación se han convertido en la principal fuente de información de salud, superando a los médicos. La televisión despunta, en este renglón, sobre la radio y sobre la prensa escrita. Incluso, estudios indican que la información que los medios presentan no sólo incide en las decisiones que la gente toma sobre su salud (conducta a seguir y uso de los servicios de salud), sino también en las prácticas salubristas, en la política pública y en el mercado de valores.

En Puerto Rico, el Periodismo en Salud está presente de forma desigual en los medios noticiosos. Existen varias revistas especializadas en salud de circulación general. En la radio, el tema está prácticamente ausente, a menos que se entreviste a alguna persona que trabaje el área, y, en la televisión, varios noticiarios ofrecen cápsulas de salud. La prensa escrita, por su parte, dedica algunos días de la semana a este tema, o algunas secciones que no suelen ocupar las primeras páginas. Además, publica algunos suplementos y revistas.

Se supone que el objetivo de este periodismo especializado es informar crítica y responsablemente sobre la salud para contribuir a mejorar la calidad de vida de la población. Mas, como se indica en el documento Healthy People 2010, se debe pensar en un Periodismo en Salud exhaustivo que “incluya una exploración sistémica de todos los factores que contribuyen a la salud (pobreza, problemas ambientales, falta de acceso a los servicios de salud), “que ayude a los individuos a entender mejor las necesidades de sus comunidades y que puedan tomar las acciones apropiadas para maximizar la salud”.

Hacer Periodismo en Salud no es tarea fácil, ya que la práctica periodística diaria está limitada tanto por la rutina profesional de trabajar “en contra del reloj” como por las fuerzas del mercado que determinan lo que debe o no debe ser divulgado.

Un estudio realizado en los Estados Unidos, citado por la Organización Panamericana de la Salud, señala que 77% de los periodistas que trabajan el tema de la salud no entienden la complejidad de la información científica, incluyendo aquélla específicamente relacionada con la salud. Por lo tanto, el desconocimiento sobre los procesos investigativos y metodológicos, así como del análisis estadístico (por ejemplo, distinguir entre una correlación y una relación causal) llevan a los periodistas al uso de términos equivocados y a reproducir acríticamente lo que dice la fuente. Se ha creado una gran dependencia en los comunicados de prensa, cuyo contenido responde a los intereses de la institución que lo divulga, a menudo farmacéuticas. Muchas veces, la falta de conocimiento en el área no le permite al periodista cuestionar la información ofrecida por la fuente.

El sensacionalismo que predomina en los medios informativos incide negativamente en la información de salud que se divulga. Predominan “las curas” y “los descubrimientos” cuando, en muchas ocasiones, son resultados preliminares. Asimismo, la cobertura periodística regularmente enfatiza en las enfermedades, privilegiando el valor noticioso de la crisis, en vez de destacar la prevención.

Los prejuicios personales de algunos periodistas o las mismas presiones de los medios inhiben que algunos temas se trabajen con la amplitud y la seriedad que ameritan, como se vio hace un tiempo con el Plan B, o la pastilla del día después, y con la ausencia del debate del aborto en la prensa nacional. Esto lleva a pensar, además, sobre la falta de herramientas para manejar conflictos éticos (auspicios y viajes pagados por farmacéuticas, entre otros) en este tipo de periodismo.

La injerencia de la publicidad y de los intereses comerciales modela el contenido del Periodismo en Salud. Por ejemplo, algunos doctores son pagados por las mismas industrias de salud y fungen como fuentes de información confiables, sin que se reconozca la posibilidad de un conflicto de intereses. Asimismo, los ratings, la circulación y las ventas de anuncios restringen los contenidos de salud. Por ejemplo, los medios de comunicación que atraigan a más ABs, Affluent Professionals (AB), o profesionales en la escala socioeconómica más alta, tienen mayores probabilidades de ganar más anunciantes, o, simplemente, cobrar más por el anuncio. No es de extrañar que los medios traten de atraer a esta audiencia. El problema está en que, como dice la periodista australiana Melissa Sweet, los AB generalmente están más interesados en mantenerse saludables, ser inteligentes y en conservarse atractivos por el mayor tiempo posible. Desean conocer cuáles las mejores compañías de salud y cuáles son los mejores planes médicos privados. Por lo tanto, están menos interesados en temas que afectan a personas de “estatus inferiores” (pobres) ni en el poco acceso que tienen a un cuidado de salud de calidad.

La agenda que dictan las fuerzas del mercado y la misma práctica periodística limitan no sólo el contenido en salud, sino el periodismo en general. No obstante, el reto profesional reside en maniobrar para que ciertos espacios mediáticos vayan presentando una información más exahustiva, y, en el caso que nos compete, un Periodismo en Salud más profundo. No debe perderse de vista que, al fin y al cabo, los asuntos con los que trabaja el Periodismo en Salud son de vida o muerte.

* Profesora de periodismo en la Escuela de Comunicación de la Universidad de Puerto Rico.

Democracia, política y prensa: La cobertura del poder

por Israel Rodríguez Sánchez
Tenemos que empezar por admitir que existe una relación simbiótica entre los medios de comunicación y el poder político en Puerto Rico, como en la mayoría de los países de economías capitalistas.

Por la limitación de tiempo, de espacio, y por las limitaciones económicas (no se puede estar en todas partes a la misma vez), los medios de comunicación concentran sus recursos de reporteros, fotoperiodistas, camarógrafos en los centros del poder político: el Capitolio, la Fortaleza, y los partidos políticos.

Se da una reciprocidad de intereses entre ambos mundos porque, de un lado, los medios buscan la noticia al costo más bajo posible; mientras que, del otro, los políticos persiguen un acceso a los medios de comunicación que tiene un costo altísimo para los que están fuera de ese centro de poder.

En esta relación se gana y se pierde democracia. En mis años como periodista, he aprendido que para poder realmente aprovechar la oportunidad de acceder al poder político en beneficio de la libertad de prensa -vista desde el ángulo del derecho del pueblo a estar informado- hay que traspasar esa zona cómoda de informar lo que los centros gubernamentales y de poder político quieren. ¿Qué quieren? Ellos quieren buena imagen, copar con su mensaje, y minimizar la disidencia.

Por eso, técnicamente, el acceso al poder político en Puerto Rico es fácil. Está a la mano. Las leyes que permiten el acceso a información pública protegen el interés salvaguardado en la libertad de prensa. En el Capitolio, los periodistas tenemos hasta acceso directo a las oficinas de los presidentes legislativos por un elevador privado. Los políticos son locos con dar entrevistas, con reunirse con periodistas, con dar conferencias de prensa, con denunciar al opositor.

Pero los periodistas, la mayoría, o, mejor, los buenos periodistas, no percibimos la libertad de expresión y de prensa como un mero acceso al político o al habla, sino como el derecho del pueblo a conocer la verdad. Por eso muchos políticos nos odian. Cuando participamos en conferencias de prensa, cuando preguntamos, cuando buscamos información lo tenemos que hacer desde la perspectiva de la minoría, del disidente, del abogado del diablo.

Es curioso que cuando los políticos están en posiciones de poder, pero en minoría partidista, favorecen la intervención de la prensa para denunciar, para cuestionar, para criticar. Pero cuando esos mismos políticos están en mayoría cambian radicalmente. Nos imputan dejarnos manipular por la oposición. Recientemente, el gobernador Aníbal Acevedo Vilá nos imputó a los periodistas dejarnos usar por fiscalía federal. En el pasado reciente, el ex gobernador Pedro Rosselló permitía y alentaba que sus fanáticos participaran en las conferencias de prensa con gritos para opacar las preguntas de los periodistas. La situación llegó a niveles insospechados. En el cierre de campaña del Partido Nuevo Progresista en el 2004 un colega de El Nuevo Día y yo tuvimos que acudir con escolta privada a cubrir su cierre de campaña. En ese entonces, Rosselló estaba furioso con artículos periodísticos de Primera Hora que cuestionaban la legalidad de su pensión. Los fanáticos se burlaban de los periodistas para tratar de intimidarlos. Rosselló le llamaba a eso “derecho a la libertad de expresión”. Era derecho el de sus fanáticos, no el de los periodistas a cuestionar.

Otros políticos poco serios responden a cuestionamientos válidos con epítetos y ataques a la vida privada de los periodistas. La mayoría de estos políticos imputan a los periodistas fiscalizadores ser del partido de la oposición. Es la forma más fácil de evadir preguntas difíciles. En los ocho años que llevo cubriendo el Capitolio, me han tildado de popular, de estadista, de independentista y hasta de comunista. A ninguno les hago caso.

El recién creado partido Puertorriqueños por Puerto Rico no se queda atrás. Molestos con las repecursiones de unas declaraciones que dio su presidente a favor de la llamada resolución 99, enviaron un correo electrónico a miles de personas desacreditando al periodista porque supuestamente los citó mal. El alcalde de Caguas, William Miranda Marín, dijo hace una semanas que si las elecciones fueran hoy el Gobernador perdía. Una colega de El Vocero lo citó textualmente, pero él insistió públicamente en que lo citaron mal. Esa es otra de las salidas fáciles de los políticos cuando sus declaraciones le crean problemas entre los suyos y ante el país.

Pero retomando el tema inicial, el acceso a los medios de comunicación masiva es caro. Los portavoces de ideas minoritarias o disidentes quedan frecuentemente relegados a la utilizacion de medios tradicionales de difusión como, por ejemplo, demostraciones en sitios públicos, pasquines, y el uso de altoparlantes. Los periodistas tenemos que recoger e intercalar esos cuestionamientos de esos grupos y llevarlos a los centros de poder. Se trata de un balance. No dejamos de informar lo que el gobierno y los políticos comunican, pero también tenemos la responsabilidad de llevar otras preocupaciones legítimas en el pueblo. A fin de cuentas, esa es la democracia: el poder del pueblo ante sus gobernantes.

Por eso creo también oportuno que reflexionemos sobre cómo los medios de comunicación están manejando el acceso que tienen a ellos los grupos que representan reclamos legítimos que nacen del pueblo por el ambiente, por la salud, por los servicios; cómo se facilita o se limita el acceso que tienen a ellos las minorías porque los medios son parte de la fórmula social que permite cristalizar la democracia y la libertad de expresión. No puede ser solamente, o mayormente, la libertad de expresión de los que están en el centro del poder.

Resulta interesante que en las últimas enmiendas a la Ley Electoral para permitir o ampliar el uso de fondos públicos para las campañas de algunos políticos en las posiciones más altas del poder se agregó una disposición que facilita el derecho a réplica de candidatos políticos en los medios de comunicación del gobierno.

Se parte de la premisa de que la verdad será producto de el choque de distintas opiniones, sean ciertas o falsas. Por lo menos, que el choque de ideas sirva para que el elector tenga disponible distintas ideas para tomar decisiones o llegar a sus propias conclusiones.

Y es que el derecho a la libre expresión es valorado en la Constitución de Puerto Rico, y también en la de los Estados Unidos, por ser esencial para la libre determinación en una sociedad democrática.

(Ponencia leída el 3 de mayo en el acto auspiciado por el Centro para la Libertad de Prensa en el Teatro de la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana).
* El autor es profesor de la UPR y reportero de El Nuevo Día.

EL DESASTRE MEDIÁTICO, por Ignacio Ramonet

(A propósito de la publicación del libro de Pascual Serrano "Perlas 2. Patrañas, disparates y trapacerías en los medios de comunicación").

Lo que Pascual Serrano revela con esta nueva colección de patrañas, disparates y trapacerías es que algo ha dejado de funcionar en nuestros medios masivos de comunicación. Y que, por eso, la información o sea la desinformación se ha convertido en una de las principales amenazas de nuestras democracias a la hora de la globalización económica.

Una de las razones de esta situación reside en el hecho que la mayoría de los grandes periódicos del mundo, si hablamos de la prensa escrita, ya no están dirigidos por periodistas. Ahora están dirigidos casi siempre por egresados de las Escuelas de Comercio, de Escuelas de Ciencias Empresariales que son los que evidentemente tienen las riendas de la empresa mediática, la cual se va a comportar como una empresa que ante todo va a pensar en sus relaciones con los clientes, los clientes son los compradores de los periódicos o los oyentes de la radio o los telespectadores de la televisión pero que son ante todo percibidos como clientes.

A la hora de la globalización los principales poderes son el poder económico y el poder mediático. El poder político llega en tercer lugar. Y el poder económico cuando se alía al poder mediático constituye una enorme palanca capaz de hacer temblar a cualquier poder político. Esta es una de las grandes realidades de hoy, aunque a veces sigan presentándonos la realidad de manera diferente. Y eso es democráticamente escandaloso, porque el poder político es elegido en las urnas, pero el poder mediático y el poder económico no lo son, y no tienen legitimidad democrática. Además el poder económico domina cada vez más al poder mediático, porque lo controla, lo compra, lo concentra. Y nos hallamos en una situación orwelliana en la que los dueños de la producción industrial son a la vez los amos de los sistemas de manipulación de las mentes.

En nombre de la necesidad de ganar un número de clientes cada más amplio y tener más consumidores, los medios de información masiva están integrando tres características:

Primera característica: cada vez más el discurso, el mensaje periodístico es más simple, más sencillo... Hay una fuerte voluntad de simplificación, y la simplificación más elemental es la concepción maniquea de las cosas: cualquier problema se transforma en un problema simple de sólo dos términos: el bien y el mal, lo blanco y lo negro. Una cosa tan compleja como la geopolítica internacional, por ejemplo, pues se interpreta en términos de bien y de mal. O sea una concepción extremadamente maniquea. En cualquier debate ya no se entra en consideraciones que puedan subrayar la complejidad de alguna situación, la necesidad de períodos de adaptación, etc. Se suprimen los matices. Se razona digital: ceros y unos. Lo demás es para intelectuales.

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http://www.rebelion.org/noticia.php?id=65853

What the future holds for investigative reporting

Más de cuarenta periodistas experimentados respondieron al llamado de Nieman Reports para reflexionar sobre el futuro del periodismo investigativo. La más reciente edición de esta importante revista en el campo académico-profesional se dedica precisamente a exponer en detalle y con profundidad no sólo las limitaciones sino también las prometedoras potencialidades de esta actividad periodística.

by Barry Sussman

Last September, Melissa Ludtke, the editor of Nieman Reports, started putting aside clips and notes and talking to people about producing an issue dedicated to investigative reporting. Now the product is complete—the Spring 2008 edition, titled “21st Century Muckrakers.” And quite a product it is.

It's a landmark issue, in fact. It denotes the transition of watchdog journalism from, mostly, print newspapers to digital formats; and from commercial news organizations to nonprofit groups and, in two instances, to investigative reporting units at universities.

Some of the nation’s leading practitioners and observers, including Barlett and Steele, Charles Lewis, Florence Graves, Walter Pincus, Morton Mintz, Murrey Marder, Paul Steiger, Steve Weinberg, Michael Kirk, Steven Aftergood, Mark Schapiro, Rick Rodriguez, Brant Houston, Danny Schechter and numerous others—more than 40 in all—contributed essays or book reviews. (Eleven of the writers, incidentally, also are contributors to this Nieman Watchdog Web site.)

There’s not much romanticizing. Barlett and Steele write that, “With a few notable exceptions, even in the best of times investigative reporting was little more than window-dressing in the American press… Investigative articles often were published only when indefatigable reporters spent nights and weekends pursuing leads after covering their regular beats.” They point out that one of the most celebrated investigative reports, Seymour Hersh’s exposé of the My Lai atrocity, was done without the support of any newspaper—and that more than a year went by with no press coverage at all from the time of the event until Hersh’s disclosure of it. They quote Hersh as saying: “A source of amazement among all those interviewed was that the story had yet to reach the press.”

In his essay, retired Washington Post diplomatic reporter Murrey Marder, the sponsor of the Nieman Foundation’s Watchdog Project, is also highly critical, writing: “In the shock of two wars, in Afghanistan and Iraq, the Congress and press both defaulted as counterweights” against Bush administration abuses of power. Even before Bush, writes Marder, “the print and broadcast press corps in Washington, D.C., were far more advocates of watchdog reporting than they were performers of it.”

These are important cautions. Fortunately there are counterweights to them in the magazine, in the form of proud accounts of excellent reporting.

For example, Michael Kirk and Michael Wiser, producers of the new PBS Frontline four-and-a-half hour program, “Bush’s War,” explain their project thusly:

While we’d told parts of the story before, neither “Frontline” nor any other news organization had attempted to portray the Shakespearean dimensions of the full story of how decisions by the most powerful people in our government led us to the situation our country confronts today.

…We knew that our greatest challenge would be finding a way to translate the massive amount of material we’d accumulated into an accessible and comprehensible story.

…So we drew boxes, stacking them to indicate how one event followed another chronologically. We whittled down our starting list of hundreds of key events to fewer than 100 of what we saw as more important moments. Into the boxes that remained, we plugged in the behind-the-scene stories we’d discovered about the key players involved.”

So that’s how they do this stuff for TV—with boxes!? Whittling down from hundreds of boxes? Well, why not?

Copley News Service reporter Marcus Stern writes of how, sitting in his office in Washington, DC, he was skeptical of former Rep. Randy Cunningham’s motives for making two visits to Saudi Arabia, “but after a wide-ranging swing through public records, I had nothing to debunk the reason he gave.”

So what did Stern do when he examined public records and couldn’t find any suggestion of wrongdoing by Cunningham? He examined more public records! “I decided to do one last thing: to see if the Congressman had updated his living accommodations.”

Bingo.

That was the starting point for the Pulitzer-Prize winning reporting that exposed Cunningham as “the most corrupt member of Congress ever caught, both in dollar amount and audacity,” according to Stern.

Separately, Florence Graves and Charles Lewis describe two investigative reporting units set up at universities.

Graves, a longtime investigative reporter, is the founding director of The Schuster Institute or Investigative Journalism at Brandeis University. Launched in 2004, the group does independent reporting, with students taking part. Its main areas of interest are political and social justice, gender and justice, and an ‘innocence project” aimed at finding and exposing wrongful convictions.

Lewis and others are about to start what will be called the Investigative Reporting Workshop at American University. “Not only do we intend to do significant, original, national and international investigative reporting for multimedia publication or broadcast, the workshop also will serve as a laboratory 'incubator' to develop new models for conducting and delivering investigative journalism,” Lewis wrote. “We will also partner with other nonprofit institutions or with investigative journalists.” Lewis, as the founder of the Center for Public Integrity about 20 years ago, has a record as an outstanding innovator in the realm of nonprofit journalism.

The most ambitious new program, described in detail in the magazine, is Pro Publica, the much-awaited nonprofit news organization to be led by Paul Steiger, former managing editor of the Wall Street Journal. Writing in January, Steiger said he was wading through more than 850 résumés to create a team of 24 journalists:

I am learning two things. One is that there is no shortage of very talented reporters eager for an opportunity to expose abuses of power. The second is that many see little hope of carrying forward this work at a whole range of newspapers and other news organizations where just a few years ago they would have been delighted to spend the rest of their careers.

There’s a good bit more on watchdog journalism in this issue, and there is more to come, as well. Nieman Reports is a quarterly publication. Ludtke says that “in the three other editions to be published this year, smaller collections of stories about various aspects of investigative reporting will appear.”

enlaces
http://www.niemanwatchdog.org/index.cfm?fuseaction=showcase.view&showcaseid=0073
http://www.nieman.harvard.edu/reports/08-1NRspring/index.html

El romanticismo y la épica del cambio

por Esteban Valenti
En algún muro de América Latina una mano ingeniosa escribió la consigna: "Basta de hechos, queremos promesas". Suena raro en un mundo que exige practicidad, concreción, pie a tierra, reclamar algo tan etéreo como las promesas. Y sin embargo, es una clave del futuro de la izquierda, no podemos renunciar al romanticismo y a la épica del cambio.

Si la izquierda pretende asegurar su futuro compitiendo con la derecha o con el centro sobre la base principal y casi exclusiva de los resultados de la gestión del poder y de la administración de este sistema y estas estructuras, podrá ganar alguna batalla, pero perderá inexorablemente la guerra. El ejemplo de Italia es abrumador.

Si ustedes preguntan a un buen analista norteamericano, cual fue el gran cambio que produjo Barack Obama en la política local, todos coinciden en un punto: desde John Kennedy no hay un personaje político que logró construir su discurso sobre promesas, sobre entusiasmos, sobre una nueva épica de la construcción y el destino de los Estados Unidos. La épica de las ideas, la renovación no es sólo un desafío para la izquierda. Es mucho más general, lo es para la política. Para la izquierda es vital.

La administración más eficiente, más transparente del sistema tiene las patas cortas y la derecha logra a corto o a mediano plazo revertir los procesos. Incluso en algunos casos en los que se obtienen buenos resultados. Como podría ser el caso de Uruguay y otros países de América Latina.

Si no logramos construir ideas, proyectos, promesas innovadoras de cambios que le den valor, significado y épica a la política de la izquierda, que nos fijen horizontes ambiciosos y complejos, perdemos primero la batalla cultural y luego la batalla política.

La profundidad de los cambios en una sociedad no se mide solamente por los indicadores económicos y sociales – que son muy importantes – se mide también en la generosidad, en la solidaridad en la sensibilidad de esa sociedad, de todas las generaciones y en especial de los jóvenes.
texto completo /
http://www.bitacora.com.uy/noticia_1529_1.html